Tres ideas sobre la Serie Final
Los Leones del Escogido ponen fin a una espera de 18 años consiguiendo una inesperada corona, en una emocionante serie final de dos equipos terriblemente imperfectos, pero equilibrados entre sí. El concepto de “ventana de oportunidad” que he mencionado varias veces desde la conclusión de la serie semi-final, demostró ser perfectamente comprendido por los nuevos dueños de los Leones, lo cual no nos debe resultar extraño por tratarse de hombres que lidian diariamente con estos conceptos en su entorno natural, que son los negocios. Ciertamente el poseer carteras bien profundas fue un factor fundamental en el logro, pero eso es irrelevante para todos los escogidistas que esperaron un tiempo que pareció eterno (con el perdón de los estrellistas) y a fín de cuentas los banderines ondean para siempre, como diría mi amigo Joe Sheehan. Como nada puede ser perfecto, me apena que a los Gigantes del Cibao y sus fanáticos el destino vuelva a jugarles otra mala pasada, y les confieso que me hubiese gustado ver a un equipo de mercado pequeño romper una hegemonia que ha visto ganar a solo uno -los Toros Azucareros del Este- en más de 40 años.
Sobre lo ocurrido en la serie, he aquí tres ideas :
El bateo oportuno decidió la serie
Claro, en una serie de pitcheo y escasez ofensiva ustedes dirán que la ventaja de los Leones en la rotación fue la clave, pero lo inverso a eso es que la ofensiva no pudo producir carreras en los momentos importantes. Los Gigantes, que a diferencia de otros años tuvieron una ofensiva bajo promedio- antes y después de ajustes por efectos de parque -pueden lamentarse amargamente por la falta de esos peligrosos hombres del medio de antaño. En la serie final los Gigantes conectaron 9 hits en 65 turnos al bate con corredores en posicion anotadora, es decir que batearon .138 situacionalmente. El gran milagro de la serie estuvo a punto de producirse cuando los Gigantes llegaron a dos outs de la corona pese a batear, en ese momento .127 en el escenario que nos ocupa. A los Leones, por el otro lado, solo les bastó con hacerlo “menos mal” pues aunque batearon .290 en estas situaciones, si sacamos su desempeño en su victoria 13-4 del tercer juego, su promedio se reduce a .218 en el resto de la serie.
Mala Fortuna
Como ya dije, el azar nuevamente conspira en contra de los Gigantes. El libreto de esta película estaba en el final perfecto con la venganza de Wilson Betemit contra quienes tanto le atormentaron, pero un hombre que estaba en juego exclusivamente por su guante -Wilson Valdez- se une a Victor “Liquito” Rosario en el panteón de villanos de series finales con su fatídico error del octavo juego. Por otro lado, la inoportuna enfermedad de Nelson Cruz dejó a los Gigantes con la presencia únicamente física de su mejor pelotero -y junto a Francisco Liriano de la serie- en el terreno. Cruz, afectado por un fuerte problema estomacal, no era el que nosotros conocemos, y de haber estado en condiciones la historia hubiese sido distinta. Contrasta la actitud profesional de Cruz, de al menos intentar jugar a pesar de no estar en condiciones para hacerlo, con la del lanzador Aquilino Lopez, quien sufrió una “cortadura” en una mano que le impidió lanzar en el resto de la serie, obligando a Félix Fermín a usar dos lanzadores inferiores -Victor Zambrano y Brandon Duckworth- en cuatro salidas con poco descanso, perdiendo los Gigantes en tres de ellas. Es un secreto a voces la razón por la que López desapareció de la vista de todos, y el premio por su lamentable actitud solo hay que dejárselo al destino.
Inversos
En los cinco juegos en los que Freddy Guzmán estuvo fuera de la alineación, a Ken Oberkfell se le ocurrió la genial idea de colocar a Joaquín Arias y a José Macias de primero y segundo en la alineación. En esos juegos entre los dos batearon 4 hits en 41 turnos (.098) con UNA base por bolas recibida y once ponches. En ese mismo lapso de tiempo los bateadores del tercero al quinto de los Leones lo hicieron bastante mal bateando apenas .204, pero sus cinco extrabases conectados se desperdiciaron porque no encontraban a nadie en las bases. Los Gigantes fueron lo opuesto, primero y segundo batearon .313 en la serie, con 3 boletos y tres pelotazos. Lamentablemente, del tercero al quinto solo batearon de 102-17 (.167) con 20 ponches y 4 batazos para doble play. Wilson Betemit empató una marca con cuatro jonrones en la serie, pero tres de ellos solitarios. Si Nelson Cruz y Juan Franciso hubiesen tenido actuaciones normales, muy probablemente esos jonrones iban a llegar con gente en circulación y la historia de la serie cambiaba. Ese es el destino.
Mis felicitaciones al Escogido por su triunfo, y a los Gigantes por una gran serie.
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