Esta semana en Tampa Bay, el dirigente de los Rays Joe Maddon, exhibió otra de sus ideas poco convencionales, al utilizar una alineación con el dominicano Carlos Peña, de bateador abridor, con la explicación o excusa de que el objetivo era “disipar la mente” del slugger, quien bateaba .116 con 27 ponches en mayo. En esencia, lo que Maddon andaba buscando era agrupar, o colocar en sucesión a sus mejores bateadores en términos de habilidad para embasarse.
Drew Sutton, Sean Rodríguez y Chris Giménez estaban en el fondo de la alineación, entre la sexta y octava posición, mientras el resto: Peña, B.J.
Upton, Matt Joyce y Ben Zobrist bateaban de primero a cuarto, con Elliot Johnson –.357 porcentaje de embasarse– de noveno, pero dentro de la continuidad del grupo de alto OBP. Sin detenernos a analizar causa y efecto, los Rays anotaron ocho carreras ante los Blue Jays y ganaron el partido.
Otro manager que recientemente ha experimentado con una alineación “poco convencional” es Manny Acta en Cleveland, quien utiliza a Shin-Soo Choo desde hace varios días en el primer turno –.385 OBP– y Johnny Damon de séptimo bate. Maddon y Acta lo que están tratando de hacer es optimizar su alineación para buscar la forma de exprimir carreras extras de la misma en base a esa optimización.
¿Qué tan significativo es el orden de un lineup?
Uno de los temas que genera mayor discusión entre los amantes del béisbol es precisamente este. ¿Cuántas carreras le resta un manager a su equipo haciendo un mal lineup? ¿Muchas? ¿Pocas? ¿Es una cantidad importante? ¿Cuántos juegos se pueden ganar durante una temporada optimizando un mal lineup? ¿Cuál es el orden correcto en que deben estar los bateadores? Primero hay que decir un par de cosas fundamentales que tienen acerca de los lineups:
Primero: Los lineups son bucles o círculos continuos. Es como un carrusel que da vueltas y vueltas y eventualmente regresa al lugar de donde parte.
Segundo: Como consecuencia de lo anterior, por más que se intente, es imposible “esconder” un mal bateador en una alineación. O lo que es lo mismo, es imposible “bajar” a todos los bateadores en el orden, porque cuando el manager “baja” un bateador, debe “subir” a otro. Aunque el manager coloque al peor bateador de noveno, eventualmente, el círculo llegará hasta donde él.
En un estudio que aparece en “The Book”, un libro sobre análisis estadístico en el béisbol, los autores asignaron, después de analizar miles y miles de juegos, los valores esperados en términos de carreras a las 24 situaciones posibles de corredores en base/outs y evento, combinándolas con la posición en el lineup. A partir de los números resultantes de este análisis las conclusiones fueron que: los tres mejores bateadores de un equipo deben ocupar los puestos #1, #2 y #4 en una alineación. El cuarto y el quinto mejores el #3 y #5. Las posiciones #1 y #2 deben ser ocupadas por jugadores con mayor cantidad de bases por bolas que aquellos en los puestos #4 y #5 –esto es más o menos lo que buscan Maddon y Acta al colocar a Peña y Choo de primeros o segundos– y finalmente, del sexto al noveno puesto colocar los jugadores en orden descendente de calidad.
El efecto en una temporada Hace unos quince años, en un libro sobre managers escrito por Bill James, el investigador estudió el tema de optimización de lineups, que a su vez había sido tratado por el Dr.
Dick Cramer previamente. La conclusión de Cramer, quien desarrolló un programa de computadoras para simular ofensivas, fue que realmente no había mucha diferencia el orden en que se coloquen los bateadores. Suena totalmente contraproducente, y es difícil de creer, porque todo el tiempo nos vivimos quejando de que el manager de nuestro equipo favorito hace muchos disparates con el lineup.
Rememorando el experimento de Bill James, lo que este hizo fue programar un simulador de béisbol con los regulares de los Cachorros de Chicago de 1930: Woody English, Riggs Stephenson, Kiki Cuyler, Hack Wilson, Gabby Hartnett, Les Bell, Charlie Grimm, Footsie Blair y el lanzador.
Con estos jugadores, simuló un total de 1,000 temporadas –16,200 juegos– con la alineación mas lógica, la menos lógica –el pitcher bateando de primero y los mejores bateadores de octavo y noveno– y la diferencia fue, en promedio, de un 5% entre el mejor y peor lineup. Con el mejor orden, los Cachorros de 1930 anotaron unas 6.16 carreras por juego, y con el peor 5.85. Alrededor de 50 carreras totales, en el curso de una temporada, es el costo de tener la peor alineación posible. James concluyó el ensayo afirmando que, puesto que ningún manager hace lineups extremos de este tipo, teóricamente el efecto en las grandes ligas es entonces muy pequeño.
Regresando ahora a lo que encontraron Tango, Litchtman y Dolphin en “The Book”, estos dicen que es complicado tratar de “exprimir” carreras extras de una alineación, por la misma razón del bucle continuo –el carrusel– en el que todos en algún momento toman su turno. De todas formas, puede que hayan unas carreras esparcidas –quizá cincuenta, quizá menos– que representen un par de victorias extras a lo largo de un año. Joe Maddon y Manny Acta hacen bien en intentar buscarlas, pues nadie sabe si les hagan falta al llegar la última semana de la temporada.
Fuente:
Listín Diario – El Deporte